Canción de Cuna para Nana
Nana era una burrita muy especial, casi un milagro; su vida, una sucesión de dueños y una carencia total de cuidados, una existencia inapropiada in extremis para un animal tan tierno y bello. En sus once años de edad, contó con dieciséis dueños distintos, el último de los cuales la había cambiado por un vespino.
Fue en un crudo día de invierno, de aguanieve, cuando llegó al Refugio del Burrito. Verla bajar del camión dolía tanto como imaginar la vida que debía haber llevado: sus cascos estaban tan sobrecrecidos que apenas podía sostenerse en pie, estaba muy delgada y la sombra de tristeza que rodeaba sus ojos contaba mil historias sobre un ser vivo que jamás había conocido el verdadero cariño. Sin embargo, todo eso iba a cambiar.
Nuestros veterinarios y herrador hicieron una primera valoración y enseguida se dieron cuenta de que su situación era delicada. Sin embargo, como es nuestro proceder en el Refugio del Burrito, acordaron emplear todos los tratamientos posibles para hacerla mejorar de su terrible enfermedad en las pezuñas.
Se le recortaron los cascos, se la instaló en un prado con suelo arenoso y blando, comenzó con los tratamientos recomendados por el veterinario y, aunque su enfermedad seguía siendo seria, logró mejorar y puso algo de peso. Finalmente tras pasar el periodo de cuarentena, se la trasladó a un prado que compartía con sus nuevas amigas y donde su admirable, tierno y dulce temperamento empezaron a florecer.
Y entonces, el 3 de Mayo de 2009, floreció de un modo que ninguno de nosotros podía siquiera sospechar: dió a luz a una preciosa pollina. Nunca olvidaremos aquella mañana de domingo, Día de la Madre, por más señas, cuando, de repente una temblorosa y aún húmeda y torpezuela burrita salió del establo de Nana a explorar el mundo, haciendonos quedar maravillados ante el porder de la naturaleza y con lágrimas en los ojos de pura alegría. Nana, la burrita que llevaba el nombre de una canción de cuna, ahora podría cantar una cada noche a su hermosa y sana cría. La burrita se llamó Alicia, tras la organización de un concurso en el que participaron muchísimos niños que sugirieron nombres para ella.
Por desgracia, en medio de tanta felicidad, los problemas de sus patas seguían siendo una cruda realidad y no podíamos saber cuánto tiempo más podría estar entre nosotros.
Desde entonces, nuestros veterinarios se han estado empleando a fondo con su caso, ya que queríamos que Alicia creciese junto a su madre, así como dar a Nana la oportunidad de disfrutar de su maternidad. A pesar de su dolencia, el último año y medio, Nana ha tenido una vida feliz con su cría y Alicia ha gozado de la oportunidad de pasar un tiempo crucial para ella junto a su madre.
Tristemente, durante las pasadas semanas, Nana empeoró drásticamente y sabíamos que el tiempo que le quedaba era muy limitado. El pasado 1 de Septiembre tuvimos que tomar una de las decisiones más duras a las que nos tenemos que enfrentar en El Refugio del Burrito. Sabíamos que había llegado la hora de Nana, pero ver partir a un banimal tan querido siempre es difícil. Al final no tuvimos alternativa, se encontraba tan mal a pesar de nuestros esfuerzos tuvimos que eutanasiarla. Alicia, que ya es una burra crecida e integrada en un grupo de otras burritas jóvenes como ella, tuvo la oportunidad de pasar los últimos momentos junto a su madre mientras nos dejaba de forma tranquila.
Estamos seguros de que en esos últimos momentos, fue Alicia quién susurró una dulce y última nana a oídos de su madre.
Descansa en paz, buena amiga.
- Inicie sesión para enviar comentarios


